viernes, 30 de mayo de 2014

LA CONCIENCIA
Todo ser humano en su relación con los demás, se enriquece y enriquece a los otros con su capacidad de comunicación hecha en un marco de respeto y sinceridad. Dentro de las dimensiones del hombre y de la mujer, hay una de gran significación e importancia para nosotros: la trascendente. El mundo moderno está dando una importancia fundamental al sentido de la responsabilidad. Estamos pasando de un modo de existir rígidamente estructurado a base de tenciones sociales, hacia una nueva manera de enfrentarnos con la existencia, de resolver los interrogantes más profundos del hombre, de una nueva concepción de entender lo que es la conciencia.
Vamos ahora a leer los siguientes refranes:
Busca los mejores bienes, que dentro de ti los tienes
Cuida más tu conciencia que tu inteligencia
Ma buena conciencia es madre de las obras buenas
La mejor almohada es la conciencia sana
Más vale conciencia que ciencia
No engendra conciencia quien no tiene vergüenza
Plata es la ciencia y oro la conciencia
Una buena conciencia es una continua fiesta

Vuelve a leer los refranes y trata de identificarte con uno de ellos
¿Por qué te hace gracia el refrán o el proverbio? ¿Por qué te llama la atención?
Trata de buscar el refrán o proverbio que está en la raíz de la mentalidad de la sociedad y cuáles son los impactos en la juventud.


Conciencia y conciencia moral: Con la palabra conciencia entra en el lenguaje un término que, en general, goza hoy de gran estima y es considerado uno de los conceptos clave del ethos actual. En una sociedad pluralista y, en parte, secularizada como la nuestra, constituye un tema siempre recurrente en la mayoría de las ramas del saber, un fenómeno que no puede ser soslayado ni siquiera por las teorías que reducen o rechazan la responsabilidad individual de la persona. No obstante, frente a quienes la exaltan como el máximo exponente de la autonomía moral y del carácter inviolable de los derechos humanos, otros muchos atribuyen su vigencia y relevancia al hecho de que funciona como órgano de adaptación, como factor de manipulación o de simple proceso de socialización. Se trate de ocaso o de alborada de la conciencia, una cosa es cierta: no existe una terminología unívoca, ni una definición admitida por todos, ni una opinión unánime sobre lo que con ella se quiere expresar. Más aún, cabe afirmar que no es Posible definirla, por tratarse de un concepto que abarca diversos estratos del psiquismo humano y representa una instancia de difícil interpretación.

Esbozo histórico

1. La antigüedad grecorromana. Ya los escritos egipcios hablan de una instancia que tiene su sede en el interior del hombre, sigue su conducta con mirada crítica y, llegado el caso, le reprende. Serán los griegos quienes utilizan el término syneidesis (Demócrito), como sinónimo de saber o entender. En virtud del subsiguiente proceso, la syneidesis se decanta de saber referido a contenidos morales a facultad espiritual en la que resuena la voz de Dios; Aristóteles, al subordinarla a la razón, la entiende como una instancia para conocer los principios morales y aplicarlos a cada caso particular; los estoicos, a su vez, la identifican con la razón (logos) del hombre, que es la chispa del logos del mundo. En resumen, el concepto syneidesis (que Cicerón reproducirá literalmente con la palabra cumscientia) evoluciona así hacia una noción notablemente marcada por las características de subjetividad (subjetivismo), interioridad y referencia al mundo lógico-racional y al mismo tiempo divino.

2. El mundo bíblico: El Antiguo Testamento, al igual que las religiones antiguas, carece de un vocablo específico, ya que las experiencias relacionadas con la moralidad suelen expresarse mediante los órganos internos de la persona. En este sentido, el ->corazón (850 veces en el Antiguo Testamento) es la sede de los pensamientos y sentimientos, es el centro del itinerario ético-religioso del pueblo de Dios y de cada uno de sus miembros en el horizonte de la alianza. La conducta humana tiene su fuente en las decisiones del corazón, aunque siempre en el seno de la tradición comunitaria. En el contexto de esta tradición, Pablo (Nuevo Testamento) toma de la filosofía popular el término syneidesis (aparece 31 veces en los escritos paulinos), y traduce las enseñanzas bíblicas a las categorías populares del mundo helenista. Cruce de la tradición grecorromana y la bíblica, Pablo propugna el estatuto de la conciencia moral antecedente y de la conciencia norma, con el que se encuentra íntimamente relacionado el discernimiento moral, así como el estatuto de la conciencia moral subjetiva (cf 1Cor 8-10; Rom 14), despojando así al razonamiento de la conciencia de cualquier carácter mítico. Para Pablo la conciencia es una magnitud subjetiva cuyo imperio en el orden moral es la dependencia ante Dios. Quizás la identificación entre conciencia y fe sea el rasgo más característico de la intuición paulina.

3. De la patrística a la teología medieval: La tradición cristiana mantiene, con las lógicas variaciones y matices, las dimensiones de la concepción bíblica de la conciencia. A pesar del cada vez más recurrente influjo del pensamiento platónico y estoico, los Padres de la Iglesia subrayan, sobre todo, el carácter espiritual de la conciencia en cuanto foco interior del que irradia toda la actividad ético-religiosa del cristiano que vive según el Espíritu. Dentro de la concepción global y unitaria que ofrece, la tradición occidental acentúa, a partir de Agustín, su carácter moral. Desde el siglo V se produjo en el mundo occidental un grave eclipse de la conciencia y durante el milenio siguiente no afloró una teoría o una doctrina sobre el particular. Ni siquiera la escolástica juzgó necesario, en un primer momento, dedicar al tema un estudio detallado.

4. Los tiempos modernos: El tema de la conciencia pasa a ocupar un puesto importante en el corazón mismo del proceso histórico que desemboca en el divorcio entre Iglesia y mundo moderno. Paradójicamente es en este período cuando se reivindicará la identidad y derechos de la conciencia por monarcas y obispos, por filósofos y teólogos, por ciudadanos de a pie y por científicos, por herejes y por ortodoxos. La cosa empezó con Martín Lutero, que rechazó la doctrina escolástica tradicional sobre la conciencia por considerarla poco religiosa y poco realista. La situación perdurará hasta el siglo XX: la imperante moral casuística cae en un estéril legalismo; la grandiosa tradición bíblico-teológica es asumida y secularizada por el pensamiento profano, y la serie de acontecimientos que caracterizan estos siglos (->humanismo, descubrimientos, persecución de herejes y disidentes, conjuro de la personalidad, individualismo...) exacerban el interés por la conciencia que, despojada de todo anclaje teológico, emerge como la autoridad por antonomasia y es declarada radicalmente autónoma y libre.

El hombre moderno, pues, otorga una importancia decisiva a la conciencia y la vivencia como una interpretación que se hace a  sí mismo desde el propio yo. Volviendo a la paradoja, está muy arraigada la sospecha de que la refundación y alta estima de la conciencia nace de una insubordinación religiosa y de un prometeico alucinado; pero en realidad surge en el contexto de una antropología pesimista y de una moral desencantada. En un primer momento, el iluminismo francés y el idealismo alemán la exaltan como buena y fuera de toda sospecha (Rousseau, Kant, Fichte); pero muy pronto muchos pensadores muestran sus recelos acerca de su fiabilidad (Schopenhauer), la consideran una instancia insegura, a la que es preciso orientar según criterios objetivos sistematizados en el Estado (Hegel), o simplemente un fenómeno propio de almas enfermas (Nietzsche). En resumen, debido a los excesos de la revolución francesa y a los horrorosos crímenes perpetrados en nombre de la conciencia, durante los dos últimos siglos, se mantiene vivo el fuego cruzado de interrogantes, acusaciones y posiciones.

M. Moreno Villa (dir), Diccionario de Pensamiento Contemporáneo,
San Pablo, Madrid, 1997


Actividad

1. Identifico las palabras desconocidas o de difícil comprensión y busco su significado en el diccionario.
2. Elaboro un cuadro sinóptico que exprese el desarrollo histórico del concepto conciencia.
3. ¿Qué papel juega la conciencia en el actuar cotidiano del ser humano?
4. Escribo mi propio concepto de conciencia

viernes, 23 de mayo de 2014


Valor de la libertad.
Valor de la dignidad
-La sexualidad debe ser asumida con responsabilidad, de esto dependerá tu futuro
-PROYECTO: Representación OBRA DE TEATRO (una por curso); con los valores que se están
  Trabajando en el período. ENTREGAR POR ESCRITO EL NOMBRE DE LA OBRA, PERSONAJES, ESCENOGRAFIA, AMBIENTACÍON DE LA OBRA. (Evaluación: creatividad, expresión verbal, corporal, musicalización, escenografía, mensaje de la obra, 


ESCRIBIR Y CONTESTAR:
Cuenta la leyenda que, hace muchos años, vivió en una pequeña ciudad de Suiza un cazador llamado Guillermo Tell, su esposa y sus dos hijos vivían junto a un bosque, en el que siempre había abundante caza. Pero la familia Tell y los demás habitantes de la región no eran completamente felices, porque la ciudad se hallaba en poder de los soldados de Austria, un país vecino de Suiza.
Cuando Guillermo Tell y su hijo entraban en Altdorf, que éste era el nombre de la ciudad, el puente levadizo del castillo se abrió para dar paso a un personaje que no gozaba de muchas simpatías entre la población. Se trataba de Gessler de Brunock, el gobernador austríaco de la ciudad y el jefe de los soldados. Las buenas gentes de Altdorf que regresaban de su trabajo se detenían, curiosas y asustadas, al paso de la extraña comitiva que formaban el grueso y orondo gobernador, el pregonero y los soldados. Y uno tras otro,todos los ciudadanos llegaban a la misma conclusión: aquella comitiva no podía representar nada bueno para ellos; luego seguían a Gessler y sus soldados resignadamente. Guillermo Tell y Walter, el menor de sus hijos, se unieron a los curiosos, que, finalmente, se congregaron en la plaza principal de la ciudad.
A una orden de Gessler, dos criados alzaron en el centro de la plaza un palo, de cuyo extremo colgaba uno de los gorros que los habitantes de Altdorf habían visto lucir a su gobernador. —«A todas la buenas gentes de Altdorf — comenzó el pregonero la lectura del bando—: Yo, Gessler de Brunock, gobernador de esta ciudad por la gracia de Su Alteza Imperial Alberto de Habsburgo, emperador de Austria, dispongo que, de hoy en adelante, todos los ciudadanos de Altdorf se arrodillen ante este gorro, en prueba de respeto hacia su querido gobernador, a quien este gorro representa.»
Al día siguiente, Guillermo Tell se reunía con los campesinos en un bosque próximo a la ciudad. —No estoy dispuesto a humillarme ante el gorro que Gessler ha ordenado levantar en la plaza —arengó Tell a los reunidos. —Yo sólo me arrodillaría ante la bandera de Suiza —manifestó Ulrich, un fornido leñador. Y así, uno tras otro, todos fueron mostrando su rechazo a la última imposición de Gessler. Pero la reunión de los campesinos tenía un testigo que no había sido invitado. Oculto detrás del tronco de un árbol, Furst, el molinero, no se perdía ni una sola de las palabras que se decían en el claro del bosque.
Antes de que acabara la reunión y los campesinos pudieran advertir su presencia, Furst echó a correr en dirección al castillo de Gessler. Los soldados que montaban guardia lo llevaron enseguida a la sala del trono, donde Furst cayó de rodillas a los pies del gobernador. —Señor… —empezó el molinero, titubeante —, he sorprendido una reunión de campesinos en el bosque cercano a la ciudad… Uno de ellos alentaba a los demás para que se negaran a honrar vuestro gorro. Gessler se incorporó y asestó un furibundo puñetazo en el brazo del trono. Rohm, el cuervo, tuvo que aletear precipitadamente para no caerse del respaldo. —¡Vamos, rápido! ¡Dime el nombre de ese desventurado! —bramó Gessler. —Guillermo Tell… —respondió Furst. Gessler extendió un brazo autoritario en dirección a los soldados. —¡Detened a Guillermo Tell y conducidlo inmediatamente a la plaza! —ordenó.
La noticia de la detención de Guillermo Tell corrió de boca en boca por la ciudad. Los soldados se vieron obligados a formar una barrera con sus escudos y sus lanzas para impedir el paso a la gente, que quería ir detrás de Guillermo Tell y de su hijo Walter, quienes caminaban decididos hacia el centro de la plaza.
Gessler los esperaba con los brazos cruzados. Durante un breve instante, se sintió impresionado por la determinación que mostraban las miradas del padre y del hijo. Pero sabía que, en aquel momento, delante de toda la ciudad, su autoridad estaba en juego. Así que carraspeó e imprimió a su voz toda la dureza de que era capaz. —Te ordeno que te arrodilles ante este gorro, que, para ti, debe representar a tu muy amado gobernador —exigió. —Nunca me arrodillaré ante ese espantapájaros —respondió Tell. La respuesta del cazador sacó al gobernador de sus casillas. —Que… que… lo detengan—tartamudeó, presa del nerviosismo; pero la mirada asombrada de los soldados que custodiaban a Tell le hizo recordar que ya estaba detenido—. ¡Que lo ahorquen! —puso fin Gessler a sus titubeos.
La voz firme de Walter, el hijo menor de Guillermo Tell, se impuso sobre los murmullos. —Demostraríais que sois un caballero —se dirigió el muchacho a Gessler—, si en lugar de matar a mi padre, os enfrentarais de hombre a hombre con él. Aunque reconozco que sería un combate desigual —añadió para provocar al gobernador—, porque mi padre es el mejor arquero de Suiza. El gobernador no cayó en la trampa que le tendía Walter, pero tuvo una idea. —Si tu padre es, como dices, el mejor arquero de Suiza, no debes temer que le suceda nada malo. Salvará su vida si, desde ochenta pasos de distancia, acierta a darle a una manzana colocada sobre tu cabeza. —Decís bien —aceptó Tell el reto con voz firme—; nada hay más sencillo para un buen arquero suizo. Ordenad que me entreguen una ballesta y dos flechas. A Gessler no dejó de extrañarle que el cazador hubiera pedido dos flechas, pero se despreocupó en seguida para elegir la manzana más roja del cesto que le ofrecía un criado.
1-Describo la actitud de Gessler y de Guillermo.
2-En esta época hay casos como los presentados en la leyenda.
3-¿Qué es para ti la  libertad?
4-En nuestro país que situaciones  han alterado el valor de la libertad.
5-Como persona que hace parte de un país y a la edad que tengo como debe ser mi actitud  hacia las personas con las que comparte y afectan el valor de la libertad.
6-Relaciona FE y LIBERTAD.
1-Con mi grupo escribimos situaciones que en nuestro municipio se han presentado situaciones que afectan, alteran el valor de la libertad.
1-Entre todos los compañeros del curso escogerán tres que harán de JUECES, quienes buscaran con sus intervenciones lograr que el relator de cada grupo sustente lo presentado.
2-El grupo escoge un relator y da a conocer lo realizado.

EN  CASA.
1-Elabora un trabajo de CINCO refranes que hagan referencia sobre el valor de la libertad y explicarlos.